jueves, 15 de noviembre de 2012

Fortalecer la personalidad de los hijos



Hemos estado abordando varios temas afirmando con insistencia la necesidad de "educar en la AUTOESTIMA". Si una persona vive sin esa cualidad o ésta se halla muy deteriorada o mal formada... va a tener serias dificultades para desenvolverse no sólo consigo misma sino también con todo su entorno; razón por la cual hemos querido cargar en ello las tintas porque supone el primer paso, el fundamento sobre el que edificar todo lo demás.
Vamos ahora a entrar en otras claves que ayudarán a complementar esta formación necesaria para nuestros hijos.
Criterios y estrategias educativas que ayudan a la madurez.
Ayudar a madurar es fortalecer la personalidad”. “Fortalecer la personalidad es ayudar a crecer”.
Aún a pesar de nuestros esfuerzos y desvelos por hacer que "sean o se comporten conforme fuera de desear o esperar en las circunstancias y ambiente positivo que tratamos de generar a diario", observaremos que "son tan humanos como nosotros" y no pocas veces nos toparemos con un negativismo que nos pondrá a prueba más ocasiones de las previstas.
1. Saber reaccionar ante su negativismo, su “por qué” y sus ocultaciones.
El negativismo en la mayor parte de los casos, tanto en niños como en adolescentes "hay que tomarlo como un deporte". Habrá que pitar fuera de juego, pero sin manifestar demasiada contrariedad ni irritación, que es lo que ellos pretenden -siempre andan tratando de averiguar hasta dónde pueden llegar con nosotros-. Hacen un tanteo de “aquí estoy yo”. 
Si queremos que nuestros hijos sean positivos y capaces de afirmar sus derechos, que sepan decir "no" a muchas cosas que les pueden hacer daño entre ellas las drogas, el alcohol,... no le aplastemos la afirmación de la personalidad ni a los tres años, ni a los dieciséis. Dejamos que se afirmen, pero habrá que corregir las faltas de respeto, sin ira, sin acritud; esto no quiere decir que no haya que aplicar sanciones. La serenidad y el buen humor le desconcierta más que la cólera.
El "por qué":
  • En los más pequeños suele ser una llamada de atención, ya que están dispuestos a aceptar todas las respuestas, debido al principio de autoridad que aceptan hasta los diez años. No se debe abusar de este principio (y menos respondiendo con mentiras). 
  • En el adolescente el por qué rebelde es también una llamada afectiva de atención. Cuando hay demasiados porqués tendríamos que preguntarnos si no se les atiende bien.
Muchas ocultaciones y mentiras se producen cuando el hijo está en apuros. Otras veces ocultan sus sentimientos, los niegan o se avergüenzan de ellos. Cuidado con reprimir y ridiculizar estos sentimientos; les duele profundamente. Lo mejor es reaccionar con naturalidad y ayudarles a superar su inseguridad y enseñarles a expresar oportunamente sus sentimientos.

2. Educar sin manipular.
"Se educa sin manipulación cuando se responde con la verdad".
Manipular es cualquier cosa que alguien haga para coartar la capacidad de juzgar y pensar por sí mismo.
Mucho cuidado con esto, ya que hay mucha gente que nos manipula en la vida cotidiana. Manipulan los amigos: cuando te hacen ir donde tú no quieres, impiden que pienses por ti mismo; manipula la publicidad cuando nos informa de ciertas maravillas pero calla o falsea otras que tienen que ver con lo mismo; manipulan... etc.
Para no manipular hay que dar razones a base de valores limpios, nunca con amenazas ni falsas razones basadas en el temor, en el miedo, en el chantaje afectivo; aunque muchas veces hay que explicar los peligros de ciertos comportamientos.
Cuando dices a tu hijo “si no haces esto, no te quiero” o “te puede pasar tal cosa”, no sólo estamos manipulándoles, sino que les estamos enseñando a manipular a los demás; y cuando sean algo mayores, nos manipularán a nosotros. Además, la manipulación les influye negativamente creándoles ideas falsas de sí mismos, temores raros.
Si no podemos hacernos entender con buenas y limpias razones, no les demos otras falsas y manipuladoras; utilicemos nuestra autoridad sin complejos y afirmemos nuestras razones.
Y si se trata de permiso o peticiones, atrevámonos a mandar y a decir “no”.
Si las razones son limpias y objetivas (“esfuérzate en un estudio serio y constante, es bueno para ti, porque poco a poco vas adquiriendo hábitos de trabajo eficaces y esto se reflejará en tus calificaciones”, etc.), irán haciendo su efecto poco a poco. Pero no esperes a convencerle para poderle mandar lo que es natural y de sentido común.
Si un niño no hace algo que es natural y normal, por algo será:
  1. Busquemos las causas.
  2. Facilitemos los medios, para favorecer la realización de lo que también él entiende como positivo.
  3. Ayudémosle a un aprendizaje de pequeños pasos: de menor a mayor dificultad, evaluando los progresos y hacérselos notar (siempre con la perspectiva de la autoestima).
  4. Pero no le manipulemos nunca con falsas razones.
Otro tema es el momento de proporcionar las buenas razones. A veces nos precipitamos en la edad. Hay que ver cuántas lecciones morales damos a los niños antes de tiempo, y en cambio a partir de los 12 años, cuando son más necesarias que nunca, guardamos silencio.

3. Cómo evaluamos su proceso.
La forma de manifestar aprobación o desaprobación a tu hijo/a es muy importante. La aprobación y elogio a la persona en vez de los hechos, como sería lo correcto, repercute negativamente en el concepto de sí mismo. Pero, atención: lo importante no es lo que le decimos sino cómo recibe el mensaje. A veces creemos que estamos  haciendo alabanzas (“estoy muy orgulloso de ti”) y estamos realmente transmitiendo otra cosa, nuestro tono y gesto nos traicionan. Si estás desilusionado de él o de ella, lo van a notar. Lo importante es que sientan verdaderamente que su padre o su madre están orgullosos de ellos.
Para ello hay que empezar por ser honestos con nosotros mismos y ser capaces de expresar esa unidad interna con nuestros hijos.
           
4. Cómo ayudarles a ser más decididos.
Hay niños responsables capaces de tomar decisiones y hacer pequeños proyectos. Y algunos afortunadamente lo aplican. El problema es cuando se retrasa la capacidad de voluntad.
El asunto se agrava cuando no existe capacidad de decisión voluntaria en ningún aspecto. Será necesario una discreta actuación por nuestra parte.
Ponerse angustiosos y nerviosos no ayuda nada. Terminaremos por interiorizar al niño o al adolescente, perder los nervios, tratarle mal o manipularle. La inmadurez no es culpable, es en parte genético, en parte ambiental, en parte proviene de un modo de educarle en la infancia. No se puede poner uno nervioso porque una persona no madure. Es más práctico ponerse a examinar las causas y nuestro modo de proceder:
  • Es muy importante darle oportunidades de afirmarse, tener iniciativa, ejercer responsabilidades.
  • Quien siembra mimo y superprotección, no recoge responsabilidad.
  • Quien siembra dependencia, no recoge autoafirmación. 
  • Dejémosle decir “no”, dejémosle decir “soy el más listo, el más simpático”, dejémosle tener juegos competitivos, pues allí es donde se enfrenta a sus propias convicciones, destrezas, habilidades reales y educa la capacidad del yo. 
  • Nunca castiguemos quitando oportunidades de ser responsable. Es un error no encargar cosas ni responsabilidades al “niño que se portó mal”. Como no es responsable, ¡le arrestamos quitándole los medios para serlo!, ¿verdad que no puede ser esto razonable?. Encima esto produce celos y envidias entre hermanos.
5. Manejar bien la crisis de identidad.
El niño se siente identificado con sus padres y con las personas que representan la autoridad. Vive en tranquilidad porque la pauta de su conducta es lo que dicen sus padres; aún así también tiene sus cambios, tiene sus crisis. El adulto en cambio tiene la seguridad vital y la confianza básica en sí mismo. Pero el adolescente está a medio camino.
Hay tres tácticas de oro para estos casos, siempre aconsejables.
  1. Tiempos para dialogar; un diálogo libre sin pretender nada a cambio, escuchando, intercambiando opiniones.
  2. Tiempos para negociar; llegar a acuerdos entre sus peticiones y nuestros permisos. 
  3. Tiempos, distintos de los anteriores, para mandar aquello y en aquello que creamos conveniente.
El éxito es manejar las tres tácticas simultáneamente. Es verdad que el adolescente, por todo lo que le pasa por dentro, necesita una gran comprensión, pero el arte de educar es saber utilizar los tres tiempos.
Como vemos, las estrategias son múltiples y no hay demasiadas recetas en el cuánto, en el cuándo y en el cómo de su utilización. Hay que reflexionar y dialogar con otros padres. Hay que aprender de sí mismos, de los propios errores, al ver las consecuencias de nuestras actuaciones. Pero sin alarmarnos por sus reacciones violentas o de “pataleta”, sus gestos, sus gritos y sus faltas de respeto.
No tenemos el peligro hoy de herir a ningún niño en su personalidad a causa de nuestra autoridad. El peligro es no ejercerla suficientemente y crear un niño consentido y difícilmente controlable. Se debe ejercer la autoridad a condición de no perder la ilusión por los hijos ni el cariño profundo, aunque haya que poner paréntesis de firmeza. Pensamos que toda esta combinación de estrategias ayudará a la madurez de la personalidad.

PAUTAS DE TRABAJO EN FAMILIA:
Para reflexionar:
  1. Podemos comentar con nuestra pareja:
    • "Cómo reaccionar ante la actitud negativa que puedan tener nuestros hijos", intentando con este diálogo ayudarles a fortalecer su personalidad.
    • Revisar nuestras expresiones y actitudes en relación con la "manipulación": ¿educamos sin manipular?, ¿qué valores descubrimos uno en el otro?; ¿cómo mejorar en esto?.
    • ¿Equivale lo que "decimos" a nuestros hijos con lo que ellos "perciben"?. Si no es así, analicemos juntos el porqué y busquemos alternativas o formas de cambiar.
    • ¿De qué maneras "educamos en la responsabilidad" a nuestros hijos?. ¿Cómo ayudar a nuestros hijos a ser más decididos, desde lo que observamos en nuestro propio hogar?.
    • Parece claro lo que nuestros hijos pequeños necesitan para manejar bien su "crisis de identidad" pero ¿y nuestros hijos adolescentes?, ¿cómo la viven ellos?, ¿cómo es el acompañamiento que estamos realizando con ellos?. ¿Nos sirven las "tácticas de oro" señaladas anteriormente?; ¿qué dificultades hallamos y cómo las vamos solventando?.
  2. Con otras familias:
    • Aprovechar los foros o  espacios en los que nos podamos encontrar con otros padres y madres (en los colegios e institutos, parroquias, etc...) para compartir nuestras ideas y experiencias, logros y dificultades,...
    • Esta experiencia nos vendrá muy bien para aprender unos de otros, experimentar que no estamos solos en esta andadura, que no se hunde el mundo porque cometamos errores o seamos limitados y que tenemos la capacidad eterna de poder cambiar, mejorar y hacer nuevo cada momento porque éste nos trae siempre una nueva oportunidad.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR:

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